Saludos.
En primer lugar, me gustaría compartir con todos la inmensa alegría que hoy siento al saberme partícipe de una obra que tanto significa para todos nosotros, la mayoría compañeros y amigos. Por ello desearía expresar mi enorme gratitud a una serie de personas que han hecho posible que hoy me encuentre aquí, formando parte de este momento tan especial en la vida de nuestra facultad y en la mía propia.
A Santiago Sanmartín, editor y coordinador de esta obra, quien desde el principio –y este “principio” se remonta ya a hace casi tres años- me apoyó en la elección del tema de la historia de la facultad de farmacia de Santiago para tratar en mi futura tesis. He encontrado en él a un excelente codirector, junto con la profesora Mariana Landín, titular de la asignatura de Historia de la Farmacia y “culpable” de mi interés, desde el segundo año de carrera, por la parte más humanística de la Farmacia. A ambos, mi más sincero agradecimiento.
También deseo mostrar gratitud a todos los profesores que han participado en este libro que recoge nuestros 150 años de historia, especialmente al decano profesor Miñones y al profesor Calleja. Todos ellos, con muchos años de trabajo en esta Facultad y un gran conocimiento de la misma, han sido un maravilloso referente para mí, que apenas llevo aquí el último cuarto de hora y que no puedo evitar sentir cierto sonrojo al ver mi nombre escrito junto al de ellos. Muchas gracias.
Y en último lugar, pero no menos importante, a todos los miembros de esta facultad, que pacientemente han soportado mis interrogatorios acerca de los temas tratados en el libro. Todos ellos han aportado datos históricos que espero haber sabido reflejar en la obra. También me han narrado anécdotas que, además de darle un tono más humano a la, en ocasiones, árida historia, han hecho que tome más cariño por este tema y por esta facultad. Las puertas de despachos y laboratorios han estado abiertas para mí y he podido notar el entusiasmo con el que todos han recibido la idea de este libro que hoy presentamos.
Con respecto a su contenido, a mí me ha sido encargada la parte más reciente de estos 150 años, la que corresponde al siglo XX y a los escasos 7 años que llevamos de siglo XXI. Sin duda el período de tiempo que más transformaciones ha reportado a la Facultad. A lo largo de todos estos años hemos ido evolucionando a la vez que la propia sociedad lo demandaba: los planes de estudio siempre han ido adaptándose a todos los cambios surgidos en la Ciencia y en la profesión farmacéutica. De cómo las asignaturas se han ido transformando y ampliando sus contenidos a lo largo del tiempo es un punto muy importante recogido en el libro.
La sede de la facultad también se modificó a comienzo de la década de 1970, Fonseca se quedó más triste y sola que nunca y estrenamos un nuevo y moderno edificio en el Campus Sur. El cambio fue un gran avance para todos, los nuevos laboratorios permitieron avanzar en el trabajo de investigación científica realizado en la facultad, y las amplias aulas dieron cabida a cientos de jóvenes que demandaban estudiar farmacia en Santiago. No hemos de olvidar que hasta mediados de los años sesenta tan sólo eran cuatro las facultades de farmacia en España: Madrid, Barcelona, Granada y Santiago. En 1964 se creó la de Navarra y a mediados de la década de 1970 comenzaron a crearse las restantes: Salamanca, Valencia, Alcalá de Henares, etc. Pero Santiago siempre ha sido punto de referencia para el estudiantado de todo el país y cada vez más del extranjero, gracias a los programas de movilidad internacionales., de modo que el ambiente de pluralidad en materia de procedencia del alumnado siempre ha estado presente en nuestras aulas. Y ello es, sin duda, algo enriquecedor para todos.
Profesores y alumnos han experimentado diversos cambios a lo largo del último siglo: los primeros dejaron de ser oradores en el estrado de las cátedras para abrir sus laboratorios a los alumnos y fomentar de este modo el interés por la investigación ya desde el pupitre. Conocer las biografías de los profesores de la facultad me ha hecho descubrir a brillantes hombres y mujeres entregados a la tarea docente de un modo ejemplar.
El cambio más notable sufrido por los alumnos tiene que ver con la proporción hombres/mujeres. En el curso 1914-1915 fueron tres jóvenes las primeras mujeres en matricularse en nuestra facultad, aunque curiosamente ninguna de ellas terminó la carrera en Compostela. No debieron de tenerlo muy fácil, la verdad. En 1921 se licenció la primera alumna, con premio extraordinario. Y ahora somos casi el 80% del alumnado, un porcentaje superior a la media de la Universidad de Santiago.
Un periodo muy singular en la historia de la facultad fue el de la Guerra Civil española. En el verano de 1936 la facultad de Fonseca dejó de actuar como tal y se transformó en un laboratorio de farmacia militar que producía medicamentos y apósitos para el frente. En él trabajaron profesores y alumnos y, debemos señalar, que aunque la situación era triste y dramática, el laboratorio fue un éxito y contribuyó al desarrollo de diferentes especialidades farmacéuticas. Sin embargo, es muy escasa la documentación relativa a este laboratorio militar y al número de alumnos existentes en las aulas en los años posteriores, cuando se restableció la normalidad académica. Carecemos de datos de matrícula y de otros temas que hacen referencia a la vida en la facultad en aquella época.
Uno de los capítulos que más interés han podido suscitar en este libro es el dedicado a los discursos inaugurales del curso académico. Cuando a un profesor de Farmacia le correspondía el honor de pronunciar su clase magistral en el paraninfo, tenía la oportunidad de reflejar el trabajo realizado en la facultad ante un auditorio formado por representantes de todas las facultades de la Universidad de Santiago. Aunque, a comienzos del siglo XX, la ocasión solía ser aprovechada para quejarse ante las autoridades universitarias de las penurias existentes en los laboratorios y aulas de la vieja Fonseca. Ha habido grandes oradores en nuestra facultad y merece la pena rescatar estos discursos de las bibliotecas y leerlos con curiosidad.
La investigación para la realización de este libro ha sido un trabajo duro, pero grato. Han sido muchas horas de búsqueda en el Archivo Histórico Universitario, en los fondos de la biblioteca de la Universidad, en la propia Facultad. Cada vez que se descubría algo interesante, se abrían un sin fin de puertas hacia otros temas que resultaban igualmente valiosos. Ha sido un trabajo apasionante que he tratado de realizar con objetividad y basándome, de la manera más fiel posible, en los datos bibliográficos y documentales encontrados. Espero haberlo conseguido.
Pero sin duda, lo que más he puesto en este trabajo es ilusión y cariño. Porque este es un libro hecho con rigor histórico, con el firme afán de que pueda servir de ayuda a quien desee conocer datos de primera mano de estos 150 años de vida de la facultad. Pero sobre todo está hecho con muchísimo cariño, el que todos nosotros sentimos por esta institución que nos ha hecho ser quienes somos: farmacéuticos licenciados en Santiago de Compostela.
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